Hablar con Hache

El porqué de la hache

Desde que cuento con memoria, creo haber tenido una relación algo compleja con la letra hache.

Estoy segura de no ser la única niña española que miró con escepticismo a su maestra cuando ésta, muy convencida, explicó que la lengua española era una lengua fonética en contraste a otras lenguas extranjeras como en inglés, es decir, que se escribía como sonaba. 

Podría apostar que la mayoría de los estudiantes de primaria han oído al menos una docena de veces la frase: “como suena, se escribe como suena”. Pero como todos sabemos, las palabras que empiezan con hache no se escriben como suenan y como niños terminamos aceptando que la doctrina escolar no era tan infalible como nos querían hacer creer. 

Además, en mi caso la dificultad se hizo presente desde antes incluso de aprender a leer y escribir sistemáticamente. Recuerdo cuando me enseñaron a “dibujar” mi nombre a modo de jeroglífico, cuando las letras parecían ser todo un misterio casi amenazante y mi estupefacción ante ese grafema que no produce fonema alguno al principio del mismo. No, “Herminia” no se escribía como sonaba. 

Más adelante este problema pasó a un segundo plano cuando tuve que afrontar el llevar un nombre tan antiguo sin deberse a una herencia familiar. Aunque, honestamente, siempre pensé que podría haber sido mucho peor si mi nombre hubiera sido Erminia y no Herminia. Al final, mi nombre contaba con un grafema mudo, lleno de historia que otorgaba, al menos, un cierto toque especial a lo que por mucho tiempo me pareció un suplicio. 

Pero dejando a un lado traumas infantiles, creo que la letra hache es una letra fascinante, no sólamente por ser la única letra del alfabeto español muda, o por contar una larga historia desde antes de los fenicios, pasando por los griegos, los romanos, las lenguas romances hasta llegar al castellano, sino porque ha sido además humillada en numerosas ocasiones por varios intentos de suprimirla, eso sí, sin éxito. 

A lo largo de la historia son muchas las voces que se posicionaron en contra de la letra hache. Podríamos recordar al lingüista venezolano Andrés Bello quien en 1823 pidió su eliminación o el escritor colombiano Juan García del Río quien se sumó a esta lucha por similares motivos. Sin embargo, quizá el nombre más reciente sea el del premio Nobel Gabriel García Márquez, quien en 1997 en un congreso sobre la lengua española celebrado en Zacatecas pidió eliminarla para que su vida fuera “más fácil”

Son conocidas las dificultades de Márquez con la ortografía castellana y en especial con la hache, lo que dejaba atónitos en muchas ocasiones a los correctores de sus libros. La hache hacía sufrir a este colombiano…

A pesar de su cuestionada función y de todos estos intentos de eliminarla, la letra hache ha sobrevivido en el tiempo desde los griegos, pasando por los fenicios, los romanos, hasta la actualidad porque tuvo otras funciones a lo largo de los siglos. La más evidente en el castellano actual es su uso para diferenciar palabras homófonas como “hola” y “ola” aunque aquí podríamos pensar que el contexto podría hacerla reemplazable. Pero no todas las palabras que hoy se escriben con hache se escribieron así en latín. De hecho, muchas palabras que hoy se escriben con hache se escribían con la letra efe. Fierro es quizá el ejemplo más conocido.

El uso de los hablantes fue decidiendo la suerte de este grafema. Durante la época fenicia, la hache llegó a contar con un sonido aspirado como el que hoy tiene el mismo grafema en el inglés o el alemán. Durante la formación del castellano y su camino desde el latín este grafema era pronunciado de maneras diferentes por los hablantes hasta que en el siglo XV dicha distinción adoptó un significado social. 

A partir de entonces, esa tendencia cambió y las haches aspiradas comenzaron a considerarse un vulgarismo. Actualmente, en algunas variedades del español que se hablan en Andalucía, Extremadura, las Islas Canarias y en determinadas zonas de América la hache sigue manteniendo su viejo sonido de aspiración, convirtiéndose junto a la ese en la distinción más importante.

Pero más allá de su “valor” lingüístico (por muchos cuestionado), quiero defender su valor estético, quizá metafísico.

No todo lo que carece de un propósito evidente, carece por ello de valor. Las cosas invisibles merecen atención porque no hace falta hacer ruido para existir. 

Comentarios

1 Comentario

  1. David V

    Me parece interesantísimo lo que describes sobre el porqué de la hache por un sinfín de razones que desconocía y que me llaman la atención ya que cuando se contrastan muchas palabras del castellano con otros idiomas de raíces latinas, es la letra f la que se usa en el lugar de la hache. Hacer, facer, fazer, faire.
    Gracias.

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

HISTORIAS CON HACHE

Relatos de ficción sobre el hombre y el mundo actual

Hola, 👋
Encantados de conocerte.

Suscríbete para recibir contenido interesante en tu email

¡No hacemos spam!. Puedes consultar nuestra Política de Privacidad