Esta noche será una noche de Halloween políticamente correcta en muchas de las calles de Washington DC. La celebración de origen celta, una mítica festividad pagana que tenía como propósito celebrar el final de la cosecha y el comienzo de las noches largas y frías del invierno, consiguió perpetuarse en el tiempo y convertirse en una de sus fiestas más populares en los Estados Unidos. Se trata de una celebración con más de 3000 años de historia que no se ha librado del debate actual de lo “políticamente correcto”.
La evolución de Halloween, en sus orígenes “Samhain”, hasta lo que conocemos actualmente ha estado unida a los procesos intrínsecos de la apropiación cultural. El cristianismo se apropió de esta festividad despojando su lado supersticioso y sobrenatural, ya que la cultura celta creía que durante aquella noche los espíritus erraban por la tierra en su paso al más allá junto a otros seres sobrenaturales como hadas y demonios. Para evitar que aquellos seres se llevarán a los vivos, éstos se disfrazaban con pieles de animales. Efectivamente, el cristianismo se apropió de muchos de los elementos del Samhain para convertirlo en su propia “víspera de Todos los Santos”, en inglés, “all Hallow ‘s Eve” que derivó en el término Halloween tal como hoy lo conocemos.
Pero no es el origen de la fiesta lo que me interesa comentar en este post, sino el debate actual en torno a la apropiación cultural que no ha dejado indiferente a esta celebración milenaria.
La semana pasada el colegio de uno de mis hijos mandó un email a los padres para concienciarnos sobre la “apropiación cultural en Halloween” y ayudarnos a elegir con tino el disfraz apropiado. El email iba acompañado de un artículo de Susan Bartell, titulado “Is your child ‘s Halloween Costume an Example of Cultural Appropriation” y publicado en el 2017 en la revista electrónica The news and World Report. Bartell intenta, en mi opinión sin éxito, conectar el concepto de apropiación cultural, tan de moda en este momento, con la celebración de Halloween. Tengo que reconocer que el título del artículo ya me pareció una paradoja en sí, puesto que el ejercicio de “disfrazarse” conlleva irremediablemente apropiarse de otra identidad, como la de los celtas que tomando las pieles de los animales se hacían pasar por lo que no eran.
Se plantea que la intención de no ofender a una cultura, es decir, el sentido común o el buen gusto no es suficiente, y que los padres debemos ayudar a nuestros hijos en la elección de sus disfraces evitando aquellos que evoquen culturas minoritarias que hayan sido sometidas, ignoradas o desvaloradas a lo largo de la historia. Es decir, evitar disfraces como Pocahontas, Maui (por cierto retirado por Disney en el 2016 por similares argumentos), Mulán o el mismo Obama.
Bartell consigue en su artículo algo totalmente distinto a lo que se propone. No creo que vestirse de Pocahontas o de Obama sea algo negativo, sino más bien todo lo contrario, visualizar minorías es positivo sobre todo si entendemos que cuando un niño elige un disfraz es porque se identifica con él. Otra cosa muy distinta es usar disfraces con mal gusto, disfrazarse de esclavo, de narcotraficante o de otras muchas identidades que revelan no sólo un humor macabro, sino además, una falta de empatía enorme.
Pero dejando a un lado la fiesta de Halloween, tengo que decir que la visión negativa del concepto de la “apropiación cultural” tal y como se está planteando actualmente en el debate sociológico no deja de sorprenderme. No entiendo por qué es negativo apropiarse de otra cultura, ya que esto va más allá de un disfraz e incluye hablar la lengua de ésta, comer su comida, compartir sus tradiciones. En verdad, la apropiación cultural es un proceso afortunadamente imposible de evitar si vivimos en un mundo globalizado, rico, plural y diverso. Estoy convencida que el respeto y la empatía son los valores necesarios para que esa apropiación sea positiva y nos enriquezca a todos por igual.


Me encanta tomar el café leyendo tus historias. No sabía el origen de la festividad, gracias por explicarlo pero sobretodo gracias por tu reflexión. Y que pena que como todo en la vida el sentido común no sea el mismo para todos. Feliz día
Totalmente de acuerdo mi querida Herminia
Como dices la apropiacion cultural es buena, se aprende de todo y de todos en este mundo globalizado. El gran problema que yo veo es la imposicion cultural que vemos en las democracias actuales.
¿Podrías explicarnos un poco más sobre esa imposición, por favor?
Estoy totalmente de acuerdo. Además, una cultura para seguir viva tiene que involucrar valores y tradiciones que vienen de otras culturas, de lo contrario moriría.
Por ejemplo, ¿qué sería de la cultura culinaria alemana sin las papas que vienen de América?
No dejar que los niños se disfracen de Pocahontas creo que es una actitud muy hipócrita, porque en realidad se hace aún más daño con la indiferencia a esa cultura que ya ha sido aplastada casi por completo.
es verdad, y imaginate Italia sin pasta (que viene de la China), o San Francisco sin Asian Fusion, etc. etc. – que pena seria
Fully agree. As others already noted, cultural appropriation is old, it helped humanity (and many individual cultures) develop, it is something good. We should encourage it. It is what brings people and cultures together, instead of separating us. And, if you copy something, doesn’t that mean you like it, isn’t that a compliment?
If cultural appropriation was something bad, then ‘melting pots’ like New York or San Francisco would need to be the most culturally insensitive places on earth. But they aren’t …
Quizás en vez de caracterizar o interpretar ciertas expresiones o vestimentas como “apropiación cultural” se deberían ver como muestras de respeto y celebración de otras culturas, grupos, o sociedades. También es el caso en este país, EE.UU., que hay una larga tradición de personas que utilizan símbolos, expresiones, lenguaje, y vestimentas de otras culturas o grupos, no para celebrarlos sino para mofarse de ellos o perpetuar estereotipos negativos. Felizmente, eso se ve cada vez menos.