¿Tiendes a minimizar y subestimar tus éxitos profesionales y personales? ¿Alguna vez has sentido que estás engañando a la gente con tus logros?, ¿piensas que tu jefe y tus compañeros sobrevaloran tus capacidades?, ¿has tenido miedo como consecuencia de que te desenmascaren y se den cuenta de tu verdadero yo?
Si la respuesta es sí, bienvenido al club del impostor. O mejor dicho, bienvenida al club de la impostora, un síndrome éste que ha afectado en algún momento de su vida al 70% de la población femenina.
El síndrome del impostor, también conocido como síndrome del fraude es un trastorno psicológico por el cual las personas exitosas sufren la dificultad de aceptar y asimilar sus logros y como consecuencia se enfrentan al miedo de ser descubiertas como fraude. Este síndrome no parece corresponderse con la realidad, como se puede comprobar objetivamente en las exitosas vidas de Michelle Obama, Meryl Streep, Emma Watson, Natalie Portman, Tom Hanks, Lady Gaga, o el empresario y expresidente de Starbucks Howard Schultz, por citar tan sólo algunos ejemplos de famosos que lo padecen.
El término “Síndrome del impostor” fue acuñado por Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978 en un estudio titulado The imposter phenomenon in high achieving women: Dynamics and therapeutic intervention.
En este estudio, las investigadoras revelaron que las mujeres afectadas por el síndrome del impostor atribuían sus éxitos a factores como la suerte, el networking, la casualidad, la perseverancia, su encanto femenino e incluso su habilidad de aparentar ser más capaz de lo que realmente eran, es decir, sus habilidades de actrices.
Más recientemente, la doctora y experta Valerie Young escribió un superventas en en 2011 llamado The Secret Thoughts of Successful Women: Why Capable People Suffer from the Impostor Syndrome and how to Thrive in Spite of it (Los pensamientos secretos de las mujeres exitosas: por qué las personas capaces sufren el síndrome del impostor y cómo prosperar a pesar de él), donde además categoriza los distintos perfiles de las personas que lo sufren y da unas pautas de ayuda para superarlo.
Aunque la población masculina no está libre de padecer este síndrome o cuadro psicológico, es la mujer seguida por otros colectivos minoritarios la que más se ve afectada. De hecho, un informe encargado por el Access Commercial Finance en Reino Unido confirmó que los hombres son menos propensos a padecerlo hasta alcanzar un 18% menos de posibilidades que las mujeres.
Está claro que este hecho se debe a factores sociales, factores de género y sobre todo a la educación. Las mujeres sentimos la necesidad de demostrar más que merecemos estar donde estamos y en este esfuerzo es inevitable sentir dudas.
En ámbitos históricamente considerados masculinos, el porcentaje de mujeres que sufren este síndrome es mayor, y no me refiero solamente a trabajos como ingeniería o investigación científica, me refiero también a otros como el de carpintería, fontanería, mecánica, etc. Actualmente la presencia de las mujeres en carreras y formaciones profesionales históricamente masculinas es igual o incluso superior a la de los hombres, al menos en países como España o Estados Unidos, sin embargo, esta realidad es percibida de manera diferente en el cerebro de la mujer.
En el caso de la academia no es muy diferente ya que la realidad es que conforme avanzamos en la investigación las mujeres van siendo más escasas. Si bien en educación primaria y secundaria la presencia femenina es mayoritaria, esto cambia en el ámbito universitario donde las cátedras todavía son ocupadas por una importante presencia masculina.
Durante mi carrera docente son numerosas las ocasiones que he sentido este síndrome. La mayoría de las veces lo achacaba a mi condición de mujer joven frente a mis compañeros hombres, después a mi condición de madre, (siempre pensé que mis bajas por maternidad habían supuesto para mis compañeros nada menos que el camino hacia el Premio Nobel), finalmente se sumó el factor de profesional extranjera.
Me pregunto qué debemos cambiar en la sociedad y en nosotras mismas para valorar más objetivamente quiénes somos sin sentir que engañamos a nadie. Sentirse que no damos la talla trae irremediablemente un aspecto positivo ya que no cesamos en el intento de querer ser mejores, pero esto conlleva consecuentemente un sentimiento de insatisfacción nada sano en quien lo padece.
Esta mañana he pedido consejo para superar este síndrome a otro impostor, el famoso GPT-3 y me ha respondido con cuatro pasos a seguir que aquí te copio.
- Establece metas realistas y alcanzables: Establecer metas realistas y alcanzables es un excelente paso para superar el síndrome del impostor. Esto te ayudará a sentirte más seguro de ti mismo al alcanzarlas y te ayudará a ver los logros que has hecho.
- Reconoce tus logros: Siempre es importante reconocer tus logros, grandes y pequeños. Esto te ayudará a sentirte mejor contigo mismo y a confiar en tus habilidades
- Habla con otros: Hablar con otros también puede ayudar a superar el síndrome del impostor. Hablar con personas que han superado el síndrome del impostor o con aquellas que lo entienden puede ayudarte a sentirte más seguro de ti mismo.
- Empieza a practicar el auto-compromiso: El auto-compromiso es una herramienta poderosa para superar el síndrome del impostor. Puedes empezar a practicar el auto-compromiso haciendo cosas como darte el crédito que te mereces, encontrar la motivación para alcanzar tus metas, y asumir la responsabilidad por tus logros.
Después de leer estos consejos, le he preguntado si él o ella posee el síndrome del impostor y me ha respondido : “como modelo de lenguaje, no tengo capacidad para dudar o tener emociones. Sin embargo, hay momentos en que mi capacidad para responder preguntas puede verse afectada por ciertas limitaciones técnicas o por la calidad de los datos y la información proporcionada”. Esta es sin lugar a dudas una manera objetiva de valorar sus capacidades y aceptar sus limitaciones. Creo que sería bueno copiar esta actitud, ya que las limitaciones ocasionales no deberían ensombrecer nuestro reconocimiento del éxito. Todos somos humanos, a excepción del impostor GTP-3.
Ojalá esto nos sirva de ayuda en el proceso de valorarnos más objetivamente, de reconocer sin miedo nuestros éxitos y también, por qué no decirlo, evitar sobreestimar todo lo que no venga de nosotros. No puedo negar que cada vez que escribo una nueva entrada para este blog me siento algo impostora, pero espero poco a poco ir superando estos miedos.


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