Si te preguntas qué tienen en común las obras clásicas Madame Bovary (Flaubert, 1856), La casa Bernarda Alba (Lorca, 1936), El amor en los tiempos del cólera (Márquez, 1985), o La casa de los espíritus (Allende, 1982) probablemente pienses que sea su calificación de obras maestras de la literatura universal. Efectivamente estás en lo cierto, pero esa respuesta sería demasiado simple para arrancar un post de actualidad.
La mujer adúltera comprendida por Flaubert, las hijas de Bernarda oprimidas por una sociedad patriarcal, el paciente enamorado Florentino quien esperó durante 51 años a su amante casada o la vida de las cuatro generaciones Trueba en la agitada Chile del s.XX han sido considerados en varios condados de Florida una amenaza para los jóvenes lectores. Amparados en la ley HB 1467, condados como Clay County, Manatee county o Broward County (en diferente medida) han censurado algunas de estas obras respectivamente por su contenido o referencias sexuales y han retirado los ejemplares de las estanterías empolvadas de sus bibliotecas escolares.
Quede claro que no es ésta una purga estatal contra títulos extranjeros ─todos conocemos la ideología inclusiva del gobernador De Santis─ muchos otros escritores anglosajones han sufrido la misma suerte desde John Green, John Grisham, Stephen King, Alexandre Dumas o la propia Toni Morrison. La lista es muy extensa desde julio de 2022 superando los mil títulos. Alguno de ellos puede provocar un verdadero estupor como el título infantil “Christian, the hugging lion”, una historia infantil sobre un león que es criado por dos hombres del mismo sexo. Me he tomado la molestia de leer este cuento y me pregunto por qué estos mismos padres que ven un peligro en el adorable Christian y sus dos papás gays, no lo ven en Blancanieves y los siete enanitos, una joven que se atreve a dormir con nada menos que siete viejos en medio del bosque (una clara alusión a la pedofilia grupal), o la transexualidad del lobo en Caperucita Roja que llegaba a excitarse con la seda suave del camisón de la abuela. ¡Qué decir de la Cenicienta! quien, no sólo sufre de un trastorno de personalidad masoquista, sino que además es testigo de una relación lésbica entre sus dos hermanastras sin menor desasosiego. ¿Claro sesgo de estos padres de la Florida por el origen étnico del pobre león Christian?
La ley HB 1467, aprobada en marzo de 2021 y vigente desde julio de 2022 en el estado del sol republicano, exige que los libros en las escuelas estén libres de pornografía y sean apropiados para la edad de los estudiantes, enfocándose en temas de sexualidad y orientación sexual. El gobernador de la Florida, Ron DeSantis, defendió esta ley al considerar que los padres deben ejercer su derecho de participar en la educación de sus hijos y de saber lo que se enseña en los centros educativos públicos. A partir de ahora, si un grupo de padres decide que una obra literaria no debe leerse, ésta desaparecerá del corpus de la biblioteca.
Como bibliófila que soy, no puedo esconder cierta satisfacción en la medida, al mismo tiempo que la lamento por el impacto educativo que ésta supone. La importancia que toman así las obras literarias me alegra, ya que considerar a García Márquez nada menos que un pervertidor de menores es otorgarle a la literatura el poder que merece aunque sea en una concepción equivocada. Me alegra, además, porque quizá consigamos que lo prohibido vuelva a interesar a nuestros jóvenes.
Dejando la ironía de lado, esta ley ha generado una gran inquietud entre un gran número de profesores y defensores de la libertad de expresión. El criterio de los padres (no siempre educados en la materia) toma prioridad con esta ley frente a profesionales de la educación y bibliotecarios. La American Library Association (ALA) ha denunciado la ley HB 1467 como una forma de censura que viola la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos que protege la libertad de expresión y la libertad de prensa. No sólo son temas sexuales los que se están censurando, también se censuran obras que tratan temas como el feminismo y el racismo, limitando así el fomento de una sociedad más igualitaria y tolerante.
¿Y ahora?, ¿qué libros se prohibirán en el 2024? Queridos lectores, se abren las apuestas para el estado de Florida en pleno año de elecciones. Yo voto por seguir a Utah y a las propuestas de su representante Ken Ivory, quien calificó a la Biblia de “lectura desafiante” para los niños más pequeños y apoyó la iniciativa de algunos condados del estado de retirarla de las escuelas elementales y sólo permitirla en los colegios secundarios ya que ésta incluye ciertos episodios de “vulgaridad o violencia no aptas para alumnos más jóvenes”. Florida y Utah no serían los únicos estados donde las Sagradas Escrituras se retiraran de las bibliotecas, este pasado año ya ocurrió en otros distritos escolares de Texas y Kansas. ¿Será quizá por su relación homónima con Christian the hugging Lion?


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