Este último curso escolar ha librado quizá la batalla más intensa del siglo XXI en el campo académico. Se trata de un pulso de ingenio y astucia entre profesores y alumnos, gracias a la potente herramienta Chat GPT-3, un modelo de lenguaje desarrollado por OpenAI, capaz de generar textos de calidad sorprendente.
Es probable que las habilidades de Chat GPT-3 hubieran podido dejar sin trabajo a Miguel de Unamuno o al propio Shakespeare si pudiéramos retroceder en el tiempo. Su velocidad de composición, perfecta gramática y atención al detalle lo han convertido en un héroe digital que ha salvado el curso a muchos estudiantes.
Es también más que probable que este año los universitarios hayan podido acudir a un mayor número de fiestas, practicar más deportes y recuperar el sueño olvidado en la recreación, sin la presión de que contaban con “pocos días” para terminar sus ensayos. En mi clase de transculturación en América Latina, he recibido a tiempo los mejores ensayos que pudiera haber esperado. No solo porque, escritos por estudiantes no nativos, reconocía las destrezas gramaticales de Andrés Bello,
la precisión adjetival de Jorge Luis Borges o la rigurosidad histórica de Ken Follett. Asimismo, estos ensayos contrastaban una más que vasta bibliografía y todo con la habilidad de conseguir una homogeneidad de calidad sorprendente con el resto de sus compañeros.
Mis colegas de otros departamentos han disfrutado ensayos sobre la teoría de la relatividad que parecían escritos por Sheldon Cooper, y macroeconomía por Adam Smith o Keynes. ¿Qué decir de los profesores de filosofía que han releído a Kant en su estilo más puro?
La idea de que los estudiantes en el año 2024 sean los mejores de la historia es algo difícil de creer. Más sensato es pensar que Chat GPT-3 les ha ayudado y que este año nos pilló a todos sin artillería adecuada para reaccionar ante este ataque ético.
Estudiantes 1. Profesores 0. Así va el resultado de esta guerra incipiente. Pero como los maestros de las guerras saben, ganar una batalla no te asegura ganar la guerra. Como dijo Nietzsche, “la guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido”.
Más allá de los dilemas éticos y el miedo a ser pillados, usar Chat GPT-3 puede afectar bastante el desarrollo académico y personal del estudiante. Escribir ensayos es una habilidad clave que mejora con la práctica constante. Si los estudiantes se apoyan demasiado en Chat GPT-3, corren el riesgo de no pulir sus propias capacidades de escritura y análisis crítico. A largo plazo, esta dependencia puede perjudicar su rendimiento académico y profesional, y hasta dificultarles la comunicación eficaz y ordenada de sus ideas.
¿Qué podemos hacer los profesores para frenar este ataque? Creo que nuestra responsabilidad es que no nos vuelva a pillar por sorpresa y sin preparación. El uso de herramientas tradicionales de detección de plagio como Turnitin o Grammarly no es suficiente. Creo que los educadores deberíamos usar obligatoriamente otras herramientas (y pedir a nuestros departamentos el acceso) como GPT-Zero o Originality AI, diseñadas específicamente para identificar los patrones de escritura característicos de textos generados por IA.
Pero además de un contraataque tecnológico, yo abogo por usar un arma biológica, algo que, al menos aún, la tecnología no puede emular a la perfección: se trata de la ironía y el sarcasmo. Hasta ahora, Chat GPT-3 no ha conseguido dominar estos elementos del lenguaje que presentan desafíos únicos para el procesamiento del lenguaje natural (NLP) debido a su naturaleza dependiente del contexto y las sutilezas culturales y personales. Hasta que una startup californiana no se lo proponga, de momento esta será una variable eficaz para valorar la originalidad de un trabajo. Está claro que más que intentar luchar contra el héroe digital, deberíamos pedir a los estudiantes que nos entreguen lo que este héroe todavía no sabe hacer. Debemos cambiar la manera de examinar a nuestros estudiantes, poniendo el foco en lo creativo, en lo que va más allá del puro resumen y contraste de informaciones. Sé que la solución no es tan fácil y estoy segura de que la guerra no quedará aquí.
Los estudiantes, siempre a la búsqueda de sacar tiempo para lo que ellos reconocen como importante, comenzarán a emplear técnicas de guerrilla, a editar frenéticamente los textos generados por Chat GPT-3, añadiendo errores intencionados, insertando anécdotas personales y salpicando los párrafos con sarcasmos y emoticonos para humanizar sus obras maestras.
Con suerte, este duelo final traerá algo positivo (perdonad mi optimismo sin límite). Nuestros estudiantes desarrollarán a la fuerza y por pura supervivencia académica más su parte creativa frente a aquella mecánica que nosotros aprendimos. El foco estará ahora en la edición y revisión del contenido, tan importante en la era de la sobreinformación, mientras que los profesores renovarán su compromiso con la integridad académica y la innovación pedagógica. ¿Un win-win? Estoy segura de que sí.


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