Hablar con Hache

Un Imperdonable Perdón

La historia política está repleta de perdones imperdonables, y el caso de Estados Unidos es un ejemplo paradigmático de esta tendencia. Hoy, la actualidad política nos lleva a la Casa Blanca y al gesto de un apurado Joe Biden ante su hijo pródigo. A pesar de haber prometido públicamente, tanto antes como después de abandonar la carrera presidencial de 2024, no conmutar la sentencia de su hijo por tres cargos federales en un caso de armas, Biden ha tomado la decisión de otorgarle el indulto en las semanas finales de su mandato. «Espero que los ciudadanos estadounidenses comprendan las razones detrás de esta decisión que tomo como padre y como presidente», declaró recientemente el presidente en funciones, mientras sus compañeros de partido observaban atónitos.

Efectivamente, muchos ciudadanos, incluyéndome a mí, pueden entender por qué un padre decide indultar a un hijo para eludir la cárcel. Sin embargo, es más difícil comprender que lo haga un presidente y que la democracia lo permita.

Esta no es una práctica que Biden inaugura, pues el poder de otorgar indultos tiene sus raíces en las antiguas monarquías, donde el derecho de gracia era prerrogativa de los reyes. Desde el «jus gladii» (derecho de la espada) romano hasta la intervención divina por medio de la figura monárquica en la Edad Media, los poderosos han disfrutado de «salvar a los malotes», reforzando así su imagen de poder.

Es curioso que fuera en Estados Unidos donde, por primera vez, el indulto se incluyera en su Constitución en 1787, marcando una novedad en el mundo moderno occidental. Este poder está explícitamente recogido como una prerrogativa del presidente en el Artículo II, Sección 2, Cláusula 1.

Dentro de la historia de los indultos estadounidenses, la más curiosa y relevante tradición, sobre todo por las fechas que acaban de pasar, es la del indulto al pavo de Acción de Gracias. El primer relato conocido de un presidente recibiendo un pavo para el Día de Acción de Gracias se remonta a la presidencia de Abraham Lincoln en 1863, quien perdonó a un pavo gracias a las súplicas de su hijo Tad. Sin embargo, la tradición del perdón como evento formal comenzó a tomar forma bajo la administración de Ronald Reagan. 

Volviendo al mundo de los humanos,  el indulto del presidente en funciones Joe Biden a su hijo Hunter no es el único polémico en la historia de los Estados Unidos. Quizás uno de los más controvertidos fue el indulto de Gerald Ford en el episodio “Watergate”. Al perdonar a Richard Nixon por cualquier delito que pudiera haber cometido durante su presidencia, Ford desató un debate monumental sobre los límites del poder presidencial y mostró cómo el indulto puede ser una herramienta para cerrar capítulos incómodos. La acción, envuelta en la idealización del perdón y la justicia, sigue siendo un referente de cómo manejar un escándalo con un elegante «borrón y cuenta nueva».

Andrew Johnson, por su parte, indultó a miles de soldados confederados después de la Guerra Civil, en un intento por reunificar al país, aunque no sin dejar un regusto amargo en aquellos que abogaban por un castigo más severo. Mientras tanto, Jimmy Carter, en 1977, extendió su propio «¡te perdono!» a miles de hombres que evadieron el servicio militar durante la Guerra de Vietnam, apostando por una reconciliación nacional más humana.

Más recientemente, Bill Clinton ejerció su poder de perdonar en su último día en el cargo, el 20 de enero de 2001, a más de 120 personas, entre ellas a Marc Rich, un comerciante de productos básicos condenado por evasión fiscal. Este movimiento atrajo tantas miradas de desaprobación que, si las miradas pudieran quemar, Clinton habría necesitado un extintor monumental.

El magnate Donald Trump llevó el show del indulto a un nuevo nivel al perdonar a figuras tan polémicas como Joe Arpaio, un conocido ex sheriff, y Roger Stone, un aliado político condenado por mentir al Congreso.

Esta semana, el presidente Biden ha decidido otorgar un indulto a su hijo, a pesar de haber prometido previamente no hacerlo. Desde mi perspectiva, este indulto resulta más comprensible que muchos otros a lo largo de la historia, que han sido motivados por razones de oportunismo político. Al fin y al cabo, ¿qué no haría un padre por su hijo? Sin embargo, anticipo que el Partido Demócrata necesitará tiempo para recuperarse y superar esta crisis de coherencia entre sus palabras y acciones. Mientras tanto, Trump se prepara para, posiblemente, indultar a sus seguidores que participaron en el asalto al Capitolio, algunos de los cuales permanecen encarcelados desde entonces.

Cuando los Padres Fundadores decidieron que el presidente podría indultar, probablemente no imaginaron que un presidente es, ante todo, un ser humano con intereses personales que a menudo pesan más que el bienestar de la democracia que le ha votado. ¿Por qué no aceptamos que el ser humano es incapaz de pensar en los demás antes que en sí mismo y prohibimos esta práctica tan injusta? 

Aunque muchos ven el indulto como un símbolo de misericordia y generosidad, un recordatorio de que todos pueden tener una segunda oportunidad, la realidad es que puede albergar una categórica injusticia y se opone en mi opinión al principio democrático de que todos los hombres somos iguales ante la ley. ¿Quién merece ser perdonado y por qué? ¿Por qué el pavo que me comí la semana pasada en la cena de Acción de Gracias no mereció mejor suerte? 

Comentarios

2 Comentarios

  1. Marcos Javier Moncada

    Muy interesante! Sigue escribiendo cosas muy buenas como estas.

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  2. Juan

    Interesante Herminia. Ahora bien, desgraciadamente para los no políticos, no tenemos esos beneficios. No obstante, además de indultos, en España por ejemplo, se ha utilizado el poder, estando en el Gobierno para cambiar leyes y que los jueces tengan que «indultar» bajo el pretexto de deben aplicar esas leyes, para salvar a compañeros. Eso bajo mi punto de vista, es utilizar torticieramente el Estado para el beneficio propio.

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