Hablar con Hache

Discriminación positiva

Hace una semana, el juez afroamericano Clarence Thomas votó a favor de declarar inconstitucional la discriminación positiva basada en la raza en el proceso de admisión de las universidades de los Estados Unidos.  “El estudiante debe ser tratado en base a sus experiencias como individuo y no en base a su raza”-rezaba el veredicto. El mismo juez admitió anteriormente haber sido favorecido hace ya casi medio siglo por su raza en su ingreso a la universidad de Yale donde pudo cursar sus estudios de derecho. Hoy, junto a otros cinco miembros conservadores, Thomas cree que no es justo para la sociedad americana. 

La discriminación racial en positivo es un tema difícil de tratar porque desgraciadamente su origen se basa en décadas de explotación, opresión y oponerse a ella es en cierta medida una manera de decir que se ha conseguido la igualdad racial, lo que a todas luces es una utopía. La comunidad afroamericana, la comunidad latina y otras minorías raciales siguen siendo víctimas de discriminación. Esta afirmación es incuestionable.

En el ámbito universitario, la discriminación positiva se ha venido traduciendo en las últimas décadas en un sistema de cuotas raciales en varias universidades del país. Este sistema de cuotas, sin duda bien intencionado, ha traído como consecuencia una discriminación entre las distintas minorías y en concreto la minoría asiática. Es un hecho que los estudiantes asiático-americanos estadísticamente consiguen notas más altas en la prueba SAT (Scholastic Aptitude Test) que otros grupos, pero debido al sistema de cuotas, éstos cuentan con más competencia a la hora de entrar a la universidad. ¿Se puede aceptar ser injusto con cierta minoría por el bien de otras minorías?

Desde la decisión del tribunal Supremo en contra de la Universidad de Harvard y la Universidad de North Carolina, son decenas las reacciones del ámbito de la educación y la política que han aparecido en los medios más importantes del país. Si bien para algunos el veredicto supone un paso atrás en la lucha por la igualdad, otros ven aquí una oportunidad para implementar un sistema más justo. Es quizá la aportación del profesor de la universidad Georgetown, Richar Kahlenberg, la que más me ha convencido. Para Kahlenberg, la discriminación socioeconómica en la selección del estudiantado merece más atención que la mera discriminación racial. 

Hace sesenta años cuando el juez Clarence Thomas fue admitido en Yale, la brecha académica entre estudiantes blancos y negros era el doble que la brecha entre ricos y pobres. Actualmente, y debido a la desigualdad económica que cada vez se agudiza más en este país, la brecha por ingresos ha doblado a la brecha racial. 

Actualmente, Harvard cuenta con un estudiantado blanco del tan solo 55%, sin embargo, el 71% de los estudiantes negros e hispanos que la universidad admite provienen del top 5% de la población negra e hispana a nivel nacional. Es decir, la población negra y latina que se admite en estas instituciones no es necesariamente desfavorecida socioeconómicamente. Los datos son más que evidentes:  Harvard tiene quince veces más estudiantes ricos que pobres. 

Claramente la discriminación racial en positivo no garantiza un proceso de selección justo para todos los estudiantes. ¿Cuál es entonces la solución? Desde que el juicio arrancó contra la Universidad de Harvard y la Universidad de North Carolina, son muchas las voces que se han atrevido a proponer nuevos procesos selectivos. Muchas de ellas coinciden en valorar la meritocracia como único instrumento realmente justo para la selección. Estos méritos académicos podrían avalarse con exámenes de nivel como el SAT o otras pruebas nacionales. Pero el problema es que una vez más la brecha socioeconómica impactaría a la selección ya que las familias privilegiadas pueden apoyar a sus hijos con tutores, o academias para preparar dicho examen frente a aquellos estudiantes sin recursos.

¿Imposible ser justo entonces?

Como educadora creo que intentar conseguir una selección justa a nivel universitario es una tarea imposible porque es demasiado tarde para llevarla a cabo. El desarrollo académico de un estudiante comienza mucho antes en la escolaridad. No podemos encontrar la manera de ser justos ante una injusticia, debemos proporcionar igualdad de oportunidades desde el comienzo para que una selección no abusiva sea posible. 

Es necesario crear acceso a educación de calidad en zonas menos favorecidas desde edad temprana. Se podrían ofrecer incentivos a ciudades socioeconómicamente más débiles para que inviertan en educación, así como incentivos a profesores para poblar de nuevo talento zonas menos atractivas. Aunque parezca una tarea titánica, existe experiencia en este campo. En concreto la ciudad de Londres consiguió el sistema educativo más exitoso de todo Inglaterra apoyando escuelas en zonas marginales cuyos estudiantes procedían de minorías étnicas y quienes hablaban el inglés como segunda lengua. La inversión en recursos educativos y programas de seguimiento de rendimiento que implementaron en el 2002 ha dado sus frutos y se ha convertido en un referente internacional.  

A nivel de la educación secundaria en los Estados Unidos, el estado podría ayudar económicamente a los estudiantes cuyas familias no pueden contratar a un tutor para prepararse para el examen. Se me ocurre un training estatal gratuito que prepare a los estudiantes para el SAT de tal manera que este pudiera ser una prueba selectiva justa. Gracias a la pandemia las escuelas cuentan con el soporte técnico para hacerlo y podría ser estandarizado y monitorizado a nivel nacional.

Junto al éxito académico, los estudiantes de realidades socioeconómicas menos favorecidas deberían contar con oportunidades de demostrar otras habilidades como el liderazgo, las habilidades deportivas, la participación social. En conclusión, proporcionar oportunidades en el camino y no intentar ser justos en la meta ante una clara brecha académica entre ellos.

Esta propuesta puede sonar demasiado ambiciosa, pero estoy segura que es factible. No creo que hace sesenta años Clarence Thomas hubiera podido imaginar que estaría sentado en el Tribunal Supremo. Estoy convencida que en pocos años Estados Unidos contará con un sistema mucho más justo. 

Comentarios

2 Comentarios

  1. Marcos Moncada

    Que interesante bonita 😍

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  2. Jose

    Querida Herminia con Hache,
    Gracias por la provocación a la reflexión.
    Este es un tema especialmente interesante al que me permito aplicar un prisma diferente.
    La sentencia cuya redacción lidera el Juez Thomas señala como el fundamento jurídico que ha sustentado durante décadas la discriminación positiva, no la necesidad de reparar un histórico agravio hacia las minorías, sino el hecho de que la diversidad contribuye al mejor desarrollo de los estudiantes. Sin anular esta asunción, lo que la sentencia expone es que a) las minorías no son homogéneas y b) para que este principio sea sustentable, debe permitirse una valoración objetiva del mismo, cosa que no se ha conseguido.
    De todos los elementos que componen esta decisión, hay uno que me ha llamado especialmente la atención: esta sentencia deja fuera a las academias militares, donde sí se podrán establecer sistemas de discriminación positiva, amparándose en un interés nacional: no sería fácil de gestionar un conjunto de tropas multi-racionales, sólo por mandos de un color.
    Y aquí viene la aplicación de mi prisma. ¿Qué argumento resultaría de aplicar este razonamiento a aquellas normas que establecen sistemas de cuotas de género en los órganos de administración de las compañías? ¿Se puede extrapolar el razonamiento del Juez Thomas al ámbito empresarial? ¿Veremos a «tropas» de empleados lideradas sólo por directivos Asiático-americanos? ¿Está entonces la diversidad sobrevalorada? En mi paso por la Universidad de Stanford, se hizo mucho hincapié en las ventajas (sustentadas en estudios cuantitativos) que suponía contar con consejos de administración y equipos de trabajo diversos. Creo que escribiré a alguno de los profesores que impartieron esa materia para conocer su opinión… si me contesta prometo postearla aquí.

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