“La historia no se repite, pero rima”, diría el famoso autor de Las aventuras de Tom Sawyer, Mark Twain. La historia rima, y aunque el ser humano se empeñe en olvidar, políticos como Trump dificultan este legítimo propósito. Y es que la infamia de la xenofobia que vivió el mundo hace más de medio siglo ha vuelto para quedarse.
Las recientes declaraciones de Donald Trump en su eufórica inaguración de campaña a la candidatura republicana durante un meeting en Iowa, donde afirmó que “los inmigrantes indocumentados envenenan la sangre de América”, rima con la frase que un odioso Adolf Hitler escribió en su libro Mi lucha hace ya casi un siglo: “[debemos parar] la contaminación de la sangre alemana por la sangre envenanda de los judíos”.
Han pasado ocho años desde que el conocido businessman y candidato a la presidencia por los republicanos eligió el tema migratorio como baza para su campaña introduciendo por primera vez en la política moderna estadounidense un discurso xenófobo que consiguió posicionar en el centro ideológico de su partido.
Si hace unos años este discurso xenófobo populista (apoyado por sus acólitos Miller, Bannon y Sessions) fue toda una apuesta a ciegas, hoy ese mismo discurso ha conseguido pasar de la periferia al centro del partido y es compartido y defendido por muchos congresistas republicanos como Bob Good (Virginia), Andy Biggs (Arizona), Matt Rosendale (Montana), Matt Gaetz (Florida), Eli Crane (Arizona) o Tim Burchett (Tennessee).
La falta de acuerdo en torno al gasto público que vive actualmente el país ha polarizado aún más si cabe las posiciones entre los grandes partidos en torno a la inmigración, convirtiéndose ésta en moneda de cambio para una posible gobernabilidad. “La mayoría republicana no puede ni debe continuar financiando a un gobierno que facilita intencionalmente la invasión sin precedente de nuestras fronteras” dijo Bob Good.
Según Trump, “un voto por Donald Trump (…) es un voto para asegurar nuestras fronteras”, votar a los demócratas quienes “odian nuestro país” es votar por mantener una “república bananera”.
Está claro que Trump y el portavoz de campaña Steven Cheung han decidido volver a pelear el voto estadounidense con la táctica populista del “enemigo común”. El inmigrante ilegal es, según esta retórica nada nueva pero bastante más extrema, responsable de todos los males de nuestro país.
Para hacer a Estados Unidos grande otra vez (MAGA) según Trump, es necesario centrar los esfuerzos en cerrar las fronteras y deportar a cada uno de los ilegales que se encuentran en territorio estadounidense.
Me pregunto si este discurso volverá a llevar a Donald Trump a la presidencia ante un desgastado Biden que enfrenta una de las olas migratorias más numerosas de la historia con el récord de más de 250.000 entradas ilegales en los últimos dos meses.
Según encuestas recientes llevadas a cabo por Ipsos/ABC News, junto a temas principales de agenda pública como el conflicto en Medio Oriente, el crimen, la inflación o la economía en general, en temas de inmigración el 36% de los adultos estadounidenses confían más en el GOP en comparación con el 24% que confía en los Demócratas. Si la crisis migratoria sigue agudizando y los candidatos republicanos siguen cayendo ante el huracán Trump, como el reciente caso de De Santis, Donald Trump rimará en consonante con Donald Trump.


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