Hablar con Hache

Serendipity

Entras en un restaurante y comienza a sonar la canción que te dedicó tu primer amor… ¿serendipity? Pides un cocktail y su color hace juego con tu lápiz de labios… ¿serendipity? El camarero se acerca y su nombre coincide con el tuyo… ¿serendipity? ¡Qué ilusionante es la coincidencia cuando no nos saca de la comodidad!

Las acciones descritas anteriormente no pueden calificarse de serendipity, sino más bien de pura casualidad. Estos hallazgos no son afortunados sino casuales, nada nos ha llevado a la incertidumbre. La mayoría de nosotros pediríamos el mismo plato en nuestro restaurante favorito olvidando que quizá la recomendación del día podría traernos un verdadero serendipity, un unami transformador. A menudo un posible cambio de empresa nos asusta porque nos concentramos en lo que vamos a perder: ya nos conocen los compañeros, no tenemos que empezar de cero, gozamos de un status, etc.  Lo mismo ocurre cuando se presenta la oportunidad de mudarnos a otra ciudad o a otro país, solemos pensar lo que vamos a echar de menos. “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”, diría nuestro refranero español. ¿Es realmente así? 

El término serendipity, en castellano, serendipia, fue acuñado en el siglo XVIII por el británico arquitecto, político y escritor Lord Horace Walpole para referirse a un “hallazgo afortunado”. El origen se encuentra en un cuento tradicional persa llamado «Los tres príncipes de Serendip», (actual Sri Lanka). Aunque en sus orígenes fue un término muy usado no ha sido hasta el siglo XXI que ha vuelto a retomar su popularidad.

Serendipia no es sinónimo de suerte, sino más bien de chiripa. Se trata de descubrir algo positivo, agradable, no buscado. La suerte puede suponer ganar la lotería o, desafortunadamente,  recibir el excremento de un pájaro en la cabeza. Además la diferencia más importante es que para experimentar la serendipia es necesario estar dispuesto a la experimentación. Aquí podría decirse que para ganar la lotería hay que comprar el décimo, ¿pero qué pasa con el regalo del pájaro en la cabeza? La serendipia no se basa en la mera casualidad, sino que es el resultado de una búsqueda activa. La persona que descubre el hallazgo se encuentra atenta a las señales, abierta a lo inesperado. 

Muchos de los descubrimientos de la humanidad a lo largo de los siglos se deben a la serendipia, desde el instante cuando la manzana cayó sobre la cabeza de Newton y nació la ley de la gravedad, el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming hasta el encuentro de una de las drogas alucinógenas más potentes, el LSD, por el médico Albert Hofmann. 

Pero entre todos estos importantes hallazgos, el que más me hace reír es el hallazgo de las notas post-it. En 1968, el químico Spencer Silver quien trabajaba para la empresa 3M en el laboratorio de investigación buscaba la fórmula para fabricar un pegamento de alta calidad que pudiera ser usado en la construcción de aviones. Finalmente, el descubrimiento resultó en  un pegamento con poca capacidad adhesiva.  Seis años más tarde, otro químico de 3M llamado Art Fry participaba en el coro de su iglesia y se desesperaba metiendo papelitos en su libro de salmos para marcar las canciones. Como los papeles se le caían pensó en usar unas hojas con un pegamento que no fuera demasiado fuerte y permitiera retirarlas fácilmente. Fry fue a la oficina, tomó un papel de color amarillo y lo untó en el pegamento que había fabricado Silver un lustro atrás y que se había almacenado hasta el momento. Con esta sucesión de causas y efectos nacieron las notas post-it. 

Hoy en día las empresas valoran más y más el componente de la incertidumbre, de la oportunidad, de la apertura ante lo desconocido para su éxito. Steve Jobs fue uno de los primeros en plantearlo públicamente: “Silicon Valley needs serendipity”. Frente a la detallada planificación, el fin preconcebido a donde se quiere llegar, Jobs planteaba una proceso de creación por estadios que permitiera siempre estar atento a las señales que pudieran llevarle a algo nuevo, creativo, diferente y por tanto exitoso. Se trata de enfocarse también en las fases del camino y no solamente en el fin, ya que éste puede ser más interesante si uno está abierto a nuevas ideas. 

Pero la serendipia no sólo afecta a nuestras decisiones profesionales. En nuestro viaje personal podemos igualmente encontrar esos hallazgos positivos. Para ello, es importante ampliar nuestros horizontes, relacionarnos con nuevas personas, nuevos círculos aunque nos cueste salir de nuestra zona de confort. Nos encanta escuchar las historias de aquellos que han tenido “chiripa” pero olvidamos que éstos arriesgaron su estabilidad emocional, profesional, familiar… Los bendecidos por el serendipity han superado el miedo a la incertidumbre, pueden vivir con ella y se exponen constantemente a lo inesperado reconociéndolo como oportunidad. 

La serendipia no puede darse si no somos capaces de reconocerla. Para ello es necesario tener una actitud propicia. Hay ciertas tendencias que pueden evitarse como por ejemplo la excesiva planificación. Si dejamos ciertas cosas en un viaje sin planificar, la posibilidad de que algo salga mal es alta, pero la posibilidad de que pase algo extraordinario se hace igualmente posible. Asimismo, es recomendable preferir el pensamiento lateral al lógico para fomentar la creatividad; escapar de la frase “tengo las ideas claras”, enfocarse en el proceso y no tanto en el resultado, ser humilde y aceptar que podemos aprender de otros, luchar contra las rutinas que nada nuevo permiten y finalmente no caer en la endogamia. 

El ser humano tiende a rodearse de las personas que le son afines. Nos sentimos cómodos con los que piensan como nosotros, los que comparten nuestra ideología, nuestras creencias. Juntarnos cada sábado con los amigos de siempre nos produce una sensación de tranquilidad, seguridad, pero definitivamente no deja espacio a la diversidad, a la sorpresa. Las personas que frecuentan amigos de diferentes intereses, trasfondo culturales y profesionales tendrán una mayor posibilidad de descubrir la serendipia. 

Pero además de evitar estas tendencias intrínsecas en el hombre, es igualmente imprescindible una alta dosis de curiosidad, de valentía para enfrentarse a lo nuevo, a lo incómodo, tener una variedad de intereses y finalmente la habilidad de reconocer qué es accidental y qué puede servirnos para nuestro “plan”. Yo no quiero prescindir de la sorpresa, de un hallazgo positivo a lo largo de mi vida aunque eso signifique aceptar un futuro incierto. ¿Y tú?

Comentarios

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

HISTORIAS CON HACHE

Relatos de ficción sobre el hombre y el mundo actual

Hola, 👋
Encantados de conocerte.

Suscríbete para recibir contenido interesante en tu email

¡No hacemos spam!. Puedes consultar nuestra Política de Privacidad