El lenguaje inclusivo es un tema no solo de gran actualidad, sino extremadamente polémico por el carácter político que ha adoptado.
Las posiciones como cabría esperar vuelven a estar polarizadas en torno a dos ideologías voluntariamente opuestas: las progresistas a favor y las conservadoras en contra si se me permite esta vaga simplificación. En el ámbito científico y académico también se oponen frecuentemente las opiniones de los lingüistas que comúnmente se creen con el deber de proteger nuestra lengua frente a los educadores que tienden a entender la lengua más como vehículo y herramienta de transformación social.
En mi caso, como filóloga, educadora y mujer no puedo negar que convivan en mí ciertos sentimientos encontrados. Es indiscutible que todo lo que favorezca un mundo más justo, más inclusivo es merecedor de perseguir, pero al mismo tiempo no puedo olvidar el componente inmanentista del lenguaje como sistema en sí mismo que necesita ser eficiente para favorecer la comunicación.
Según su definición, el lenguaje es la capacidad con la que cuenta el ser humano para expresar pensamientos y sentimientos por medio de la palabra, pero es también “un sistema de signos” tan lógico como el de las matemáticas que cuenta con fórmulas, con métodos que aseguran su funcionamiento.
En los últimos dos años, este concepto del lenguaje inclusivo que surgió a finales de los setenta de la mano del movimiento feminista está en la agenda política de la mayoría de los países occidentales. Son continuos los debates al respecto que han llegado hasta el mismo ámbito legislativo. En concreto, en el año 2021, el ministro francés de educación Jean-Michel Blanquer prohibió el uso de este lenguaje en los colegios por considerar que “constituye un obstáculo para la lectura y la comprensión de la escritura» y por el miedo a destrozar la sofisticada lengua de Molière.
Buenos Aires (que no Argentina), siguiendo los pasos de su admirada Francia hizo lo propio este pasado verano prohibiendo a sus docentes porteños utilizar léxico inclusivo como “chiques”, “todes” “chic@s”, entre otros.
Antes de decidir si estamos o no a favor de este tipo de lenguaje, merecería la pena entender cómo funciona nuestra lengua en sus diferentes niveles y qué herramientas tenemos para hacer un uso inclusivo del mismo sin necesidad de modificarlo. Porque aunque muchos no quieran verlo, es posible hablar de manera inclusiva y feminista (entendiéndose el feminismo como “la doctrina y movimiento político y social que pide para la mujer el reconocimiento de las mismas capacidades y derechos que para el hombre” y no la superioridad de la primera), si uno se lo propone. Es decir, no es necesario inventar palabras como “todes” para ser inclusivo. Es verdad que a nivel gramatical la marca de neutro en el español es el masculino plural y que cuando decimos “ellos vinieron”, este pronombre puede entenderse como masculino o masculino y femenino. Pero también es verdad que contamos con recursos a nivel léxico y morfológico para evitar este uso gramatical del neutro y sustituirlo por otros marcadores si así el hablante lo desea.
Los pronombres sólo sustituyen a los nombres y estos pueden ser fácilmente reemplazados. Así, “ellos vinieron” puede sustituirse por “las personas vinieron” sin ningún problema. Por cierto, aquí los hombres podrían quejarse del uso femenino para referirse a ellos, llevándonos a un mise en abyme de la absurdidad.
Pero no solamente podemos evitar los pronombres neutros; el español como muchas otras lenguas posee otros recursos como por ejemplo el uso del desdoblamiento “señores y señoras” o “niños y niñas”. También podemos usar sustantivos colectivos para referirnos a conjuntos de personas y en lugar de decir “los ciudadanos” con su marca neutra, podemos usar “la ciudadanía” (mucho más estético que “les ciudadanes”). Otros ejemplos serían “la humanidad” por “los hombres” o “la infancia” por “los niños”. Quizá los sustantivos colectivos recogen mejor que el uso del desdoblamiento la pluralidad sexual que define a nuestra sociedad y que por supuesto merece ser incluida en nuestro lenguaje. “La ciudadanía” incluye a los hombres, las mujeres y a cualquier identidad sexual que los primeros términos no recojan.
Otra estrategia inclusiva podría pasar por el uso de los pronombres relativos como “quien/quienes/alguien/nadie” o el adjetivo indefinido “cada” seguido de un sustantivo común no genérico. Así “todos están invitados a la fiesta” podría reemplazarse por “cualquiera está invitado a la fiesta”.
Estoy claramente a favor de hablar de médica, doctora, filósofa, etc. porque esa realidad afortunadamente existe y el lenguaje la tiene que reflejar, pero no creo que sea necesario deconstruir todo un engranaje gramatical desarrollado durante siglos porque la gramática no es ideológica, es puramente práctica. Además, si decidimos comenzar esta batalla, ¿qué vamos a hacer con los sustantivos epicenos femeninos como “víctima” o “policía”?, por mencionar sólo algunos ejemplos del otro lado.
Si uno ve todos los recursos con los que cuenta nuestro lenguaje, podemos darnos cuenta de que es el uso que hacemos de él lo que debemos corregir y no el lenguaje mismo que al final no cuenta con una ideología machista o retrógrada intrínseca.
¿Será que la política intenta usar el lenguaje para un fin propio como lo ha hecho con otros temas como el terrorismo o la inmigración?, ¿estamos siendo víctimas una vez más de la manipulación? Aquí lo dejo para el debate.


Totalmente de acuerdo.
Ejemplos muy claros.
Y yo creo que si estamos siendo víctimas de la manipulación.
Decimos lo que ellos quieren que digamos y si no estamos faltado a la persona masculina o femenina.
Y vuelvo a decir totamente de acuerdo 👍
Me encanta!
Me pregunto si es necesario cambiar toda una lengua para ser inclusivo, o mejor dicho, me pregunto si esos cambios realmente harían alguna diferencia. Creo que no. Creo que es lo que Herminia escribe en la última línea de su post.
Por supuesto que somos víctimas de esto y de todo.
Es muy triste que para hacer política se tenga que contaminar la lengua y también la historia.
Estoy de acuerdo en tu reflexión. Pero quisiera exponer mi punto de vista.
1º Progresistas somos todos los seres humanos, siempre queremos progresar en nuestro modo de vida, e ir avanzando en nuestras metas. Por ello la palabra progresista que han adoptado los partidos de izquierdas, no le veo sentido. Es una falacia.
2º Nuestra lengua, regulada por la Real Academia de la Lengua española, ya ha efectuado los cambios pertinentes para adaptarse a los nuevos tiempos. Lo demás es otra falacia, solo con la intención de denigrar nuestra idioma, por cierto el idioma de Cervantes, Machado, Garcia lorca, etc.
3º Conservadores somos todos, pues siempre por muy proguesistas que queramos ser, guardamos y conservamos nuestros valores personales, historicos y familiares. Siempre hay algo que conservar. Lo que quieren los llamados progresistas es destruir la sociedad desde sus raices. Familia, natalidad, religión, historia, etc. Siempre con la intención de que la sociead se descomponga al elemento unitario y este sea más debil y facil de manipular.
100% de acuerdo pero creo que el tema no es el lenguaje en si, como dices hay recursos inclusivos suficientes.
El problema es usar el lenguaje en politica como arma electoral e identitaria de una forma de pensar y forzarnos a hablarlo o no somos inclusivos.
No se si en la historia reciente de los ultimos 250 años, con todos los cambios sociales, politicos y economicos se ha dado algo parecido. Pienso en los movimientos sociales, obreros del siglo XIX donde se inventaron nuevas formas de organizar la sociedad y entiendo que nuevas palabras o nuevos usos de algunas existentes.
«El lenguaje es un elemento clave de la cultura y la sociedad, y su evolución refleja los cambios y progresos que se están produciendo en la sociedad en general.
El proceso de cambio de un lenguaje de inclusión debe ser un proceso natural y consensuado, no forzado o politizado. La adopción del lenguaje inclusivo debe ser vista como una forma de respeto y reconocimiento hacia la diversidad, no como una imposición o una cuestión política o ideológica.
Cualquier cambio en la forma en que se habla debe ser un proceso natural y consensuado para mantener la eficacia y la facilidad de comunicación.»
Esta respuesta ha sido generada por la IA GPT-3 y no puede tener más razón. Totalmente de acuerdo con el post y muy interesante el debate. El problema viene a la hora de cierto segmento en polarizar e incendiar a la sociedad con la imposición de sus ideologías y en tachar de ciertos términos si no adptas cada uno de sus dogmas