Hablar con Hache

Un puñetazo lleno de testosterona y la lucha por la equidad…

Ningún evento importante es capaz de escapar de la polarización ideológica que impera en la actualidad, y los Juegos Olímpicos de Francia no podían ser la excepción.

Es difícil no ser víctima de esta polarización por muy independiente que consideremos nuestro criterio. El hecho de que las noticias vuelen en cuestión de segundos, sin la capacidad de verificarlas antes de convertirse en trending topic, solo agrava la situación. Que levante la mano quien no quedó atónito ante la bofetada que la boxeadora argelina Imane Khelif, hoy medalla de oro, propinó a la italiana en los primeros 30 segundos del combate.

Pocos minutos más tarde, y gracias al poder de las fake news, muchos nos llevamos las manos a la cabeza al ver a una «pobre italiana» ser apaleada por lo que se presentó como un «hombre monstruo transformado en mujer para competir.» Pero, como hoy se sabe, este puñetazo salió del brazo de una mujer cuyo nivel de testosterona sería envidiado por el propio Julio Iglesias.

Este episodio permite reflexionar sobre un problema de muchísima actualidad que afecta también al deporte. Se trata de la búsqueda del equilibrio entre la equidad y la inclusión. 

En los últimos años se ha abierto un debate importante sobre cómo garantizar que todos los atletas, independientemente de su identidad de género, puedan competir de manera justa y equitativa. La voluntad inclusiva del comité  llevó a aceptar a atletas transgénero como la neozelandesa Laurel Hubbard, una levantadora de pesas que participó en los juegos de Tokio 2020, la cual había participado en la categoría masculina hasta su cambio de género en 2012. Si esta decisión inclusiva es o no garantía de equidad para las mujeres lo dejo a la discreción del lector. 

El objetivo de equidad dentro incluso del mismo sexo ha llevado al comité olímpico a aplicar diversos mecanismos de control para garantizarla. Entre ellos se encuentra el análisis de los niveles de testosterona en los atletas. Si bien la boxeadora argelina Imane Khelif fue descalificada por la IBA (asociación internacional de boxeo) en el 2023 por no pasar un análisis de elegibilidad de género, no tuvo, sin embargo, ningún problema a la hora de cumplir con el reglamento olímpico tras diversos test. 

Tengo que admitir que si bien me cuesta aceptar como equitativo la participación de transgéneros en competiciones femeninas, me produce una gran inquietud este tipo de control hormonal de los atletas. Lo que quiero decir es que me parece tan justo y legítimo tener la testosterona alta siendo mujer boxeadora como tener las piernas largas siendo saltadora o jugadora de baloncesto. Si Khelif tiene una ventaja hormonal natural, ¿no debería considerarse como una más de tantas ventajas naturales que hacen a los atletas llegar hasta donde llegan? Queremos incluir a atletas transgénero (lo que acepto) pero vetamos a mujeres cuyo nivel de tetosterona naturalmente es más alto que la media. ¿No puede ser que el objetivo de equidad e inclusión nos esté llevando a la discriminación? 

Pensamos en jugadores de baloncesto que participaron en estas olimpiadas donde la ventaja o desventaja natural fue más que evidente. Me refiero, por ejemplo, al caso del jugador de baloncesto japonés Yuki Togashi que mide 167 cm frente a los 222 cm del francés Victor Wembanyama. ¿Deberíamos descalificar a Wembanyama por abusar de su altura frente al pobre Togashi? 

La equidad en el deporte no significa simplemente tratar a todos por igual, sino reconocer las diferencias y encontrar maneras de garantizar que esas diferencias no se conviertan en desventajas insuperables. Al mismo tiempo, la inclusión no debería ser un pretexto para desnaturalizar las competencias deportivas, sino una oportunidad para repensar y adaptar las normas para que todos los participantes puedan competir con dignidad y respeto.

Es fundamental que las discusiones sobre estos temas se basen en información precisa y un genuino deseo de encontrar soluciones que beneficien a todos. De lo contrario, corremos el riesgo de convertir el deporte, un ámbito que debería unirnos y celebrar lo mejor de la humanidad, en otro frente más en la guerra de la polarización ideológica. La verdadera victoria sería lograr un equilibrio en el que todos los atletas se sientan incluidos y puedan competir en igualdad de condiciones, sin que sus identidades sean utilizadas como armas en un conflicto más amplio. Pero al mismo tiempo no debemos olvidar que hay ventajas naturales en el deporte como las hay en otras competiciones  y que debemos aceptar esa “injusticia natural”.

Me planteaba si para dar un premio nobel habría que analizar el coeficiente intelectual de los candidatos para asegurarnos que no juegan con ventajas naturales frente a otros. No siempre la buena intención lleva a buenas soluciones. ¿Qué piensas?

Comentarios

1 Comentario

  1. Carolina

    Me ha encantado este artículo y, sobretodo, la comparación que haces con otros deportistas que juegan con ventaja por ser más altos o tener las piernas más largas.
    Creo que unos cuantos deberían leer esto y dejar de hablar sin conocimiento.

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