Hablar con Hache

Cría cuervos y te sacarán los ojos

Según el diccionario de la Real Academia, el famoso modismo se refiere a “la costumbre de este ave carnívora de comer los cadáveres empezando por los ojos para simbolizar la ingratitud del desagradecido que paga con el mal el bien que le han hecho”. El fenómeno universal de la ingratitud se expresa de manera casi literal en otras lenguas romances como el francés, italiano o el portugués, frente a la versión anglosajona menos escatológica, como era de esperar, del «I gave you a stick to break my own head with».

García Márquez crió dos hijos-cuervos quienes, como muchos otros herederos a lo largo de la historia, decidieron ignorar la voluntad de su padre expresada en vida y publicar póstumamente su última novela En agosto nos vemos. 

El pasado seis de marzo, fecha en la que el autor hubiera cumplido los 97 años, salió a la venta la novela póstuma del premio nobel, autor de obras maestras que transformaron la literatura universal responsables del conocido boom latinoamericano en los años 60 y 70 del siglo pasado. 

Los últimos años de la vida del autor de Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto y decenas de otras obras maestras, estuvieron caracterizados por el cáncer, la pérdida de la memoria y la confusión. Fue durante este tiempo cuando un agotado Márquez trabajó en una novela, una suerte de despedida de lo que había sido para él su mundo literario. Insatisfecho con el resultado, ante la imposibilidad de plasmar como antes aquellos mundos mágicos llenos de tópicos universales y autóctonos que hacían su literatura única, pidió a sus progenitores, esos cuervos criados con amor, que quemaran sus páginas. 

Diez años después de su muerte, Rodrigo y Gonzalo García decidieron que su padre se había equivocado: “Mi padre nos había dicho que el libro no servía. Pero su problema de memoria también había afectado su capacidad para juzgarlo. Esto nos animó a publicarlo”

Está claro que la decisión no es fácil. Decidir si la voluntad última de un hombre sin facultades debe o no ser atendida es todo un reto. Me pregunto qué hubiera pasado si Max Brod, íntimo amigo de Franz Kafka, le hubiera hecho caso y hubiera quemado todos los libros como éste le había pedido. ¿Sería el mundo igual sin La metamorfosis o El proceso?

Definitivamente la pérdida de estas obras hubiera dejado un hueco en la literatura universal y, en concreto, en la literatura de García Márquez. Él mismo reconoció en numerosas ocasiones el legado kafkiano en su ingente obra. Después de leer La metamorfosis, García Márquez se dio cuenta que no era necesario explicar al lector lo extraordinario, que éste lo aceptaría en un pacto narrativo a cambio de disfrutar de un mundo maravilloso. En el final de Cien años de soledad nace el último bebé de la estirpe Buendía con una cola de cerdo como castigo al incesto perpetrado por sus padres. La justicia poética le empuja a ser devorado finalmente por un ejército de hormigas. Si Márquez hubiera sido capaz o no de escribir un final así sin la lectura de la transformación de Gregorio Samsa en un monstruoso insecto es algo que nunca sabremos. 

Me cuesta creer, sin embargo, que la historia de Ana Magdalena Bach, protagonista de En agosto nos vemos, vaya a tener el impacto que tuvo la obra de Kafka en la literatura universal. Personalmente, la obra de Márquez no solo presenta un argumento pobre, bastante forzado en algunos momentos de la historia que simplifica la emancipación de la mujer a la caricatura. Pero lo que es peor, en sus páginas no se reconoce la voz del autor, su rica adjetivación, su exotismo, su sintaxis retadora, su fantasía sin límite. Se trata de otra literatura, una literatura sin el alma “conocida” del autor.

Tengo que confesar que el mal sabor de boca que me dejó la lectura me obligó a releer inmediatamente fragmentos de El General en su laberinto para restaurar mi “memoria personal” de García Márquez que durante tantos años y tras tantas lecturas había forjado. 

Dejar nuestra memoria a buen recaudo no solo protege nuestra imagen, sino la imagen que se tiene de nosotros en un futuro. El caso de Kafka es quizá una excepción, pero la realidad es que una vez muertos nuestra memoria puede ser maltrecha.

Yo de momento voy a expresar mi deseo de desheredar a cualquier hijo que tenga pensado  publicar los poemas en pareado escritos para las noches navideñas. Espero que no entiendan este post como una muestra de enajenación. 

Y, para terminar, aquí os dejo a modo de apostilla una posible solución al problema de la vulneración de la voluntad póstuma del artista y, en general, una herramienta muy valiosa para compartir legado a lo largo de nuestra vida seamos o no artistas. Recientemente, ha aparecido la plataforma Soalma que entre muchos usos, ofrece un espacio para cuidar de nuestra memoria más allá de la perenne existencia. Soalma.com te permite no solo dejar en recaudo tus obras como escritor, tus pensamientos, tus recuerdos, sino también confiar tu voluntad en unos albaceas virtuales que pueden valorar, quizá mejor que tus amados cuervos, tus deseos últimos y jugarán un papel decisivo en la continuidad de tu legado. Esta herramienta innovadora no tiene la formalidad ni la solemnidad de un testamento tradicional, sino que te brinda un acceso continuo y cómodo a un espacio seguro para proteger lo que realmente te importa. 

Quizá si García Márquez hubiera usado Soalma, sus albaceas hubieran conseguido detener a sus legítimos herederos en su intento de vulnerar su legado y por ende el legado de su memoria en cada uno de nosotros. 

¡Totalmente recomendable!

Comentarios

3 Comentarios

  1. Nacho Moreno

    Querida Herminia, ¡que preciosidad de escrito! y ¡que honor tan grande tu manera de vincularlo a Soalma!
    Muchísimas gracias de corazón.

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  2. Nacho Moreno

    Querida Herminia, ¡que preciosidad de escrito! Y qué delicia de escritura. Una maravillosa manera de cerrar mi día de hoy.

    Responder
  3. Carolina Manteca

    En un rato, cuando te vea, te diré que me cuentes por qué elegiste este tema para tu último escrito del blog. Como siempre, muy bien escrito.

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