Que un pandillero de uno de los barrios más vulnerables de la Ciudad de Guatemala permita a su hijo acudir a un club de liderazgo donde se proponen nuevas pautas de conducta alejadas de la violencia, la extorsión o el robo, no es un milagro, es el resultado de una confianza que la organización sin ánimo de lucro Glasswing International ha sabido cultivar.
La mariposa de cristal o espejitos, como se le conoce en América Central donde es endémica, es el logo de la organización. Esta elección fue desde el principio una declaración de intenciones de sus fundadores que reconocieron en la transparencia el requisito fundamental para crear la confianza con la opinión pública, la comunidad donante pero también con la comunidad a la que apoya.
Efectivamente, Glasswing está construida sobre los fuertes hilos de la confianza y en la creencia absoluta de que todo ser humano necesita un espejo para reconocer la mejor versión de sí mismo. Esta organización salvadoreña, que opera en más de diez países latinoamericanos y que recientemente cumplió 16 años de historia, lejos de ser una organización de orientación caritativa, cuenta por el contrario con una orientación comunitaria y de empoderamiento que entiende la comunidad a la que ayuda como vehículo imprescindible y responsable para el cambio. Si bien es una organización internacional, el 98% de sus altos funcionarios son locales y se sostiene sobre una sistema de voluntariado local que conoce y reconoce a su comunidad.
Para mantener el foco en la comunidad los ejemplos de los fundadores y altos directivos son imprescindibles, quienes si por un lado se dedican a la recaudación de fondos para financiar los proyectos y el desarrollo de la propia organización, siempre mantienen una presencia en el llamado “trabajo de campo” en labores como la enseñanza de inglés a los jóvenes salvadoreños, la mentoría de jóvenes líderes o incluso la intervención en la reparación del trauma en el ámbito de la salud mental.
La comunidad es el foco de la labor de cada miembro de la organización sin importar el rango en la jerarquía.
El poder de Glasswing reside en este complejo proyecto de ingeniería donde los lazos de confianza se entrelazan y se sostienen en todas las dimensiones que la integran. Glasswing es consciente que para conseguir su misión es imprescindible construir y mantener puentes de confianza con la comunidad a la que pertenece, pero también entre los más de 500 miembros que integran su equipo, y de sus 140.000 voluntarios.
Su misión principal es abordar las raíces y las consecuencias de la violencia y la pobreza a través de programas de educación y salud que empoderen a los jóvenes y las comunidades y fortalezcan los sistemas públicos. Entre los programas de educación juvenil destacan los clubes extracurriculares que la organización ofrece en colegios públicos para complementar las limitadas jornadas educativas. Ayudándose de jóvenes voluntarios, exponen a los estudiantes de las escuelas a una variedad de actividades fundamentales para su desarrollo educativo como actividades deportivas, artísticas, de empoderamiento femenino, liderazgo y educación sexual.
Por su parte y en el ámbito de la salud mental, tan estigmatizada en estas sociedades vulnerables, Glasswing ha desarrollado e implementado programas de formación para los equipos de respuesta en primera línea que se encargan de ayudar a una sociedad profundamente traumatizada por la violencia cíclica.
Y finalmente, apoya en el desarrollo y creación de espacios comunitarios que inviten a la concordia y al intercambio como por ejemplo la construcción de una cancha de baloncesto en uno de los barrios más peligrosos de Villanueva en Guatemala donde hasta ahora sus vecinos no contaban con un espacio “físico” para su reunión más allá de las aceras de sus calles controladas por las pandillas.
Efectivamente, el desarrollo de Glasswing comenzó desde el interior de la comunidad. Alejado de una visión paternalista, entendió que las comunidades más vulnerables de Centroamérica en las que frecuentemente las pandillas dominan la vida en todos los niveles, necesitaban reorganizar el “sentimiento de pertenencia” intrínseco al ser humano.
Reorganizar el sentimiento de pertenencia de una sociedad significa modificar los modelos sociales. Desde el respeto profundo a las comunidades donde domina la violencia y la falta de educación, Glasswing se ofrece como vehículo útil para hacer un cambio que parte de ellos a través de un sistema de voluntariado que se forja por la estructura del “modelo en el espejo”.
Los jóvenes que atienden los clubes extracurriculares quieren ser como los monitores que les ayudan: otros jóvenes algo mayores pero todavía lo suficientemente cercanos a ellos que viven en su comunidad, que son vecinos, amigos, quizá familiares y que gracias a aquella oportunidad pudieron salir de la violencia. Se propone otro modelo de pertenencia, pero un modelo positivo.
El ser humano tiende a buscar la mejor versión de sí mismo, pero para eso necesita un espejo para reflejarse y reconocerse. Glasswing permite con sus voluntarios que esa identificación y reconocimiento sea posible.
Las alas de cristal de la mariposa son reflectantes como también lo son cada uno de los miembros de Glasswing trabajadores y voluntarios que ofrecen su tiempo y su ilusión en construir un mundo mejor donde pueda romperse de una vez por todas el ciclo vicioso de la violencia.


Muchas gracias por tu nueva entrada.
De lejos es fácil juzgar a estas barriadas marginales latinoamericanas. Lo malas que son las personas que viven allí…
No conocía en absoluto esta organización “Glasswing International”
Esos voluntarios son personas excepcionales. Si cada uno de nosotros trabajáramos por cambiar el mundo como esta gente hace… Gracias.
Muchas gracias por tu nueva entrada.
De lejos es fácil juzgar a estas barriadas marginales latinoamericanas. Lo malas que son las personas que viven allí…
No conocía en absoluto esta organización “Glasswing International”
Esos voluntarios son personas excepcionales. Si cada uno de nosotros trabajáramos por cambiar el mundo como esta gente hace… Gracias.