Hablar con Hache

La glotofobia, una discriminación lingüística de la que no se escapa nadie. 

En un momento de la película Toy Story 3, Buzz Lightyear, el engreído astronauta de juguete es reprogramado. Debido a una mala lectura que hacen sus amigos del manual de instrucciones, éste resucita accidentalmente como un romántico andaluz con la voz del cantaor “El Cigala” ( en la versión original en inglés, Buzz se convierte en latino). Ante la vergüenza ajena que sienten, los amigos de Buzz se apresuran a ayudarle a volver a la normalidad, a su acento inglés en la versión original y al castellano estándar en la versión española. Muchos espectadores probablemente sintieron una reafirmación en sus prejuicios; con ese acento Buzz estaba haciendo el ridículo y una “reparación” era necesaria. 

La glotofobia es un sesgo irracional que nos lleva a juzgar a las personas a partir de la variedad lingüística que hablan. Se trata de otro tipo de discriminación a nivel de la discriminación sexual, racial o religiosa. En el año 2016, el lingüista francés Philippe Blanchet acuñó este neologismo y lo definió como «el desprecio, el odio, la agresión, el rechazo o la exclusión de personas sobre el hecho de considerar incorrectas, inferiores o malas ciertas formas lingüísticas».

Francia es un país con gran discriminación lingüística, se estima que alrededor de diez millones la sufren. La polémica en torno al nombramiento del primer ministro Jean Castex es un ejemplo paradigmático de este fenómeno tan extendido. Fueron numerosas las burlas sobre su acento en los medios de comunicación parisinos que se mofaron de su acento meridional y su marcada entonación sureña.

Como era de esperar, la discriminación lingüística no se limita al francés, sino que afecta a todas las lenguas. Las variantes del español hablado en España como el andaluz, el extremeño, el murciano o el canario se tienden a menospreciar, se consideran graciosas, torpes, secundarias, paletas, por nombrar algunos sesgos. Este menosprecio también afecta al español hablado en Latinoamérica asociándose comúnmente a pobreza. 

La industria de la televisión ha jugado un papel importante en esta fobia. El castellano “creado” para la televisión española, como el «Broadcast English” para el mundo anglosajón, es artificial y busca la anulación de la diferencia. Esta discriminación va incluso más allá con la mofa pública de acentos no considerados estándares. Es así como el exitoso presentador Pablo Motos, por poner solo un ejemplo, ha protagonizado alguna que otra polémica como la que surgió en su entrevista al presentador Roberto Leal, quien se iba a hacer cargo del programa de gran audiencia “Pasapalabra” y a quien preguntó si “llegado el momento suavizará su acento”.

Las redes sociales son también un vehículo fácil para este tipo de discriminación. En varias ocasiones, la ministra de Hacienda Maria Jesús Montero ha tenido que defenderse por su acento, como también lo tuvo que hacer la expresidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz. Afortunadamente, las “bromas” a esta última llegaron a costarle el puesto al cónsul español Enrique Sardá Valls, quien en Washington consideró pertinente ridiculizar una de las variantes de nuestro castellano peninsular. 

La glotofobia se debe a una emoción que no se corresponde con la realidad y suele responder a una exagerada tendencia a sobrevalorar lo propio frente a lo ajeno. Son emociones que no entienden realidades objetivas, que olvidan que el andaluz es la lengua de Machado, de Juan Ramón Jiménez, de Lorca; el colombiano es la lengua de García Márquez; el argentino de Borges o el peruano de Vargas Llosa, por quedarnos en el ámbito hispanohablante. 

En Estados Unidos la situación es igualmente discriminatoria. Los términos como  el southern drawl (forma en que los hablantes del sur de Estados Unidos arrastran las letras de las palabras), el midwestern twang (especie de tono gangoso del Medio Oeste estadounidense) o el valley girl up speak (manera de hablar estereotípica de algunas mujeres de California) se usan para diferenciarlo del General American, nombre con el que se denomina el americano estándar considerado más educado, correcto. 

Por mucho que queramos creerlo, el acento único es una falacia que no incluye a nadie. Es absurdo que señalemos como minoritario lo que en realidad es indiscutiblemente mayoritario: la diferencia. Condenamos como sociedad o exotizamos las eses aspiradas, el seseo, el canto en la entonación, las palabras que no entendemos, y olvidamos que no entender o no reconocer lo ajeno es un problema propio, una falta de flexibilidad  y de visión de mundo que nos apresura a caer en los estereotipos y nos priva de aprender de otras realidades iguales o más ricas que la nuestra. 

Pero además del empobrecimiento propio, la realidad es que convertir en un fetiche ciertos acentos y menospreciar otros puede generar y genera para muchos una desventaja a la hora de acceder a un puesto de trabajo, a solicitar información para tener acceso a una vivienda o para representar un cargo público. La glotofobia puede además tener un impacto negativo en la salud mental, la autoestima y el desarrollo de habilidades lingüísticas y comunicativas. Creo que deberíamos tomar conciencia de este modo de discriminación para ser capaces de cambiarlo; llevarlo incluso al ámbito legal como lo hizo Francia en el año 2020 para proteger a aquellos ciudadanos que se ven desfavorecidos por este injusto tratamiento. 

Cierto es que cuando surgió nuestro castellano existían límites territoriales muy marcados frente a otras lenguas que se hablaban en reinos periféricos como el reino de Portugal, la Corona de Aragón, el reino de Navarra y el reino nazarí de Granada. Durante el Renacimiento, el poeta Garcilaso de la Vega defendió que el castellano correcto era el de Toledo frente a todo lo demás. Pero tan sólo un siglo más tarde, Miguel de Cervantes se distanció de esta equívoca creencia en el capítulo diecinueve de la segunda parte del El Quijote:  «El lenguaje propio, el elegante y claro está en los discretos cortesanos, aunque hayan nacido en Majadahonda…». El uso correcto de una lengua se basa en el dominio que el hablante posee de la gramática, del léxico, de la morfología y de la sintaxis y nada tiene que ver con el acento. En todos los lugares de España se habla bien y mal el castellano, como también ocurre en Latinoamérica  y en cualquier otro país con su lengua respectiva. 

En 1492, antes de producirse la Conquista de América, la Corona de Castilla contaba con 4.2 millones de habitantes, castellanohablantes en su mayoría.  Hoy, en pleno siglo XXI, son más de 580 millones los hablantes de español en el mundo, lo que viene a representar el 7.6 % de la población mundial.  El  español es además lengua oficial en 21 países y cuenta con 23 Academias Españolas de la Lengua que las regula. Pretender que el ideal lingüístico de Garcilaso perviva en la actualidad no es solo un imposible sino que además pone de manifiesto un sentimiento supremacista intolerable. Pedir que una persona esconda su acento es como pedirle que pierda sus rasgos faciales, su idiosincrasia, algo que le define como único. 

Herminia Gil Guerrero

Comentarios

4 Comentarios

  1. Bea

    Me ha gustado mucho, este tema lo hemos hablado alguna vez juntas y estoy totalmente de acuerdo contigo, es parte de nuestra identidad y cultura. En Aragón además, han conseguido que la misma gente se avergüence de su propio acento, cuando tendrían que estar orgullosos.

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  2. juan antonio gil navarro

    Me ha encantado. Es la triste realidad.

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  3. Jose

    El acento forma parte de nuestra identidad, nos asocia a una comunidad, igual que lo hace nuestro peso, nuestra altura, nuestros rasgos faciales, el color de nuestra piel (o la ausencia de pelo 😉 ) Y la realidad es que tenemos una tendencia natural a prejuzgar en base a las primeras impresiones. Daniel Kahneman lo analiza muy bien en su libro «Thinking, fast and slow».
    Gracias por texto.

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  4. Susana

    Me ha encantado. Totalmente de acuerdo. Sino existiera esa diversidad nos deberíamos todos a ser iguales y el mundo no sería mundo.. imagínate!! Acentos diferentes, culturas y costumbres distintas… la vida es bella!!
    Saludos desde Madrizzz

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