Hablar con Hache

“Ser o no ser” en la era digital

Se ha puesto de moda responsabilizar de todo lo malo que nos pasa a los magnates de la tecnología y sus crueles redes sociales. Claramente no me sorprende, porque, desde que nuestra sociedad tiene memoria, ha sentido la necesidad de reconocer un «responsable» de sus desgracias.

Hace unos días me encontré en la web con el término “sesgo de confirmación”, esa tendencia cognitiva humana a buscar, interpretar y recordar la información de manera que confirme nuestras creencias preexistentes, mientras que desestima o ignora la información que podría contradecir esas creencias. Lo más normal es que, en el momento en que vivimos, yo hubiera relacionado dicho término con el poder de los algoritmos, la llamada manipulación mediática, las fake news, la filter bubble… Pero, como mi mente es algo creativa, volé al siglo XVII para revisitar a Hamlet. Decidí ir al nuevo Barnes & Noble que han abierto recientemente en Georgetown para conseguir una edición original, porque, aunque me avergüence decirlo, disfruto de Shakespeare en la lengua de Lope.

Mientras subía las escaleras automáticas rodeadas de esos regalitos de papelería que me vuelven realmente una niña mimada, pensé en que Hamlet se pasó toda la obra intentando justificar con su conflicto interno una decisión ya tomada. Se me ocurrió pensar qué hubiera buscado Hamlet en el buscador de Google. «¿Es correcto matar a alguien si es una amenaza para el reino?” o “¿cuál es la mejor forma de actuar para vengar un asesinato sin ser considerado un villano?”.

Independientemente de lo que Google hubiera respondido, o de los reels que Zuckerberg hubiera permitido en su visión sui generis de la libertad de expresión, y de los consejos incendiarios de Musk, tengo claro que Hamlet habría reparado en títulos como La importancia de defender a un pueblo de un tirano o La responsabilidad ante la conciencia.

Mientras me divertía imaginando títulos atractivos para Hamlet, crucé la sección de libros de autoayuda en la segunda planta. Me paré un momento a observar a las personas que, actuando como sorprendidos, tenían un libro en las manos. Me fijé inmediatamente en un hombre cincuentón sin anillo de casado que tenía entre sus manos A Guide to Reclaiming Yourself; una joven poco agraciada con otro título How to Be Single and Happy; y una mujer embarazada con Abraza a la niña que fuiste.

Echamos la culpa a los algoritmos, a la manipulación de las redes sociales, nos sonrojamos en debates subidos de tono entre la defensa de la libertad de expresión y olvidamos que no hay mayor censura que nosotros mismos.

Los libros de autoayuda son un espejo perfecto de cómo manipulamos nuestras propias mentes. No los elegimos al azar; buscamos aquellos que se alineen con nuestras necesidades emocionales y justifiquen nuestras decisiones. Por ejemplo, si te sientes rechazado por tu pareja y consideras dejar la relación, podrías buscar un libro titulado Haz cosas que te hagan feliz. Al leerlo, encuentras frases motivadoras como: “Siempre prioriza tu felicidad” o “Deja ir lo que te impide crecer”, incluyendo a tu propia familia.

Lo interesante es que estos libros no siempre nos desafían a cambiar de perspectiva; al contrario, muchas veces refuerzan narrativas que ya hemos construido en nuestras mentes, movidos por emociones evolutivas como el miedo, la soledad o el deseo. Son herramientas que nos hacen sentir comprendidos, pero también nos atrapan en un ciclo de confirmación donde evitamos enfrentar ideas contrarias o más complejas.

Nadie se escapa de este sesgo. Cuando mi hijo me comunicó que había entrado en el equipo Varsity de natación de su escuela y que tenía que levantarse cada día a las cinco de la mañana para estar a las seis en la piscina, me compré en Amazon el bestseller The 5 AM Club de Robin Sharma, cuyo subtítulo reza: “Cómo vivir tu vida al máximo potencial”, y quise creer que era fruto de una decisión personal, de la fortaleza de una mujer exitosa.

En la misma línea que los libros de autoayuda, muchas personas recurren a teorías como la numerología o la astrología para justificar sus decisiones. A menudo, estas prácticas ofrecen explicaciones que se alinean con nuestros deseos y emociones. El horóscopo del día o los números que aparecen constantemente en nuestra vida pueden ser interpretados como señales que refuerzan lo que ya estamos pensando o sintiendo. Algo similar fue lo que buscaba Hamlet entre el público que asistió a su representación palaciega.

Pero incluso cuando decidimos a qué amigo llamar para pedir consejo, estamos usando mecanismos de búsqueda de validación. ¿A quién crees que más probablemente llamarías para decirle que has decidido tener un cuarto hijo porque no hay nada más feliz que cambiar pañales durante 15 años de tu vida? ¿A tu amigo soltero que vive en un loft en la ciudad y que cambia de cita cada tres meses, o al padre de la guardería de tu cuarta hija cuya mujer sabes que está embarazada? ¿Contarías a tu amiga artista que has decidido dejar el bufete y hacerte instructora de bachata, o a la que trabaja en McKinsey 50 horas a la semana?

Podemos echar culpa a las redes sociales, podemos justificar nuestras decisiones porque los gurús de la autoayuda nos lo dicen, o podemos ser valientes y decir que tenemos un deseo concreto que se ajusta, o no, a nuestros valores, pero que queremos perseguirlo con responsabilidad.

El sesgo de confirmación nos hace menos críticos, menos dispuestos a cuestionar nuestras propias creencias, y nos lleva a caer en la trampa de que estamos siendo retrospectivos cuando, en realidad, estamos evitando enfrentarnos a la compleja realidad del cambio y de las ideas, a veces opuestas, que viven en nuestra mente. Dejemos a los gurús de la tecnología y de la autoayuda en el lugar que merecen. Yo prefiero sentirme dueña de mi destino.

Ser o no ser. Esa es la cuestión.

Comentarios

1 Comentario

  1. Luis Romera Navarro

    Una reflexión muy profunda y muy cierta. El sesgo de confirmación es un proceso cognitivo que en ocasiones nos ayuda a justificar nuestra falta de responsabilidad y atribuir las causas de lo que nos está ocurriendo a terceros para encontrar un cierto de nivel de bienestar psicológico y proteger nuestra autoestima.

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